Monday, May 30, 2005

Carta a una camarera

Soy uno de aquellos hombres a la antigua, que
ven todavía en las cartas un medio de trato; uno de
los más bellos y fructíferos.
RILKE (Cartas a una joven mujer).


Carmen, su nombre es de alguna manera muy común en mi país. Créame que sólo mencionarlo evoca recuerdos. Y en esta habitación, 268, algo se torna como la oscuridad de una galaxia pobre de estrellas. Salgo al balcón, y ese jardín rodeado de hotel se parece de alguna manera a usted, a la mujer maravillosa que ha de ser la Carmen que ha escrito su nombre con trazos que dicen algo. La tinta negra me encanta, y el azul transparente del agua es como algo suyo, algo que no es necesario ver para saberlo.

He querido escribirle esto de una manera epistolar, o quizá poética. Pero no soy bueno, en absoluto, para esas cosas. Acepte este texto como una humilde nota de agradecimiento.

Mi nombre es Carmen / My name is Carmen

Si ese espacio en el sobre de sugerencias hubiese ido en blanco, la posibilidad de ser usted un camarero y no una mujer, prevalecería. Si así fuera nuestra situación de igual manera le hubiese agradecido el servicio. Pero su nombre, Carmen, me hace sentir que entre usted y yo hay un lazo, cualquiera, algo que no importa porque al final usted y yo somos una mujer y un hombre que aún no se conocen, y que seguramente nunca lo harán. Pero ese echo inagotable de magia me ha tocado hoy.

Usted a de tener su vida, supongo, créame que yo tengo la mía. Y si existiera la más remota posibilidad que entre esta pareja que no se conoce, que no se ha dicho nada y que no se lo dirá nunca, ocurriera algo, no ha sido la intención de esta nota ser un drenaje de desahogo, o un medio para conseguirlo. Pero entre dos seres que se intuyen sólo por las letras siempre hay un alimento para el alma.

Cuando usted lea esta nota, ya habré partido. El día que empecé la tarea difícil de redactarla leía un libro de arena en el balcón, y se me vino a la memoria -no como un recuerdo, sino como un echo que insiste en su verdad, que es lo mismo que la existencia propia- la nitidez de la habitación, los detalles, y la discreción que usted ha de tener con mi relajo. Su honestidad.

En esta semana que hoy está por finalizar me he familiarizado con su presencia, que para mí que soy su publico aún es inédita. Pero me lo han dicho el carrito de las almohadas, su delicadeza, y los destellos que a su alma le a arrancado la necesidad de esta habitación, 268, de quedarse, y de quedarme yo, con un poquito de usted, Carmen, que Dios me la bendiga.

2 Comments:

Blogger Histéresis said...

Funciona, y muy bien.

salú

3:50 PM  
Blogger Histéresis said...

Me había olvidado de esto. De su magia y de Rilke.

Saludos.

11:05 AM  

Post a Comment

<< Home